Los neumáticos están diseñados para soportar estas condiciones tan exigentes; sin embargo, para cumplir a la perfección con su trabajo, es fundamental que se encuentren en perfecto estado de uso y mantenimiento.
¿Qué efectos tiene el calor sobre los neumáticos?
Las principales consecuencias de las altas temperaturas sobre los neumáticos son las siguientes:
Aumento de la presión interna. Cuando aumentan las temperaturas en verano, los neumáticos tienen más dificultad para disipar el calor acumulado en funcionamiento. Como consecuencia, el aire de su interior se expande, provocando un incremento de la presión de inflado. Una presión excesiva puede reducir la superficie de contacto con el asfalto y afectar al comportamiento dinámico del vehículo (menor adherencia, pérdida de estabilidad, etc.).
Menor adherencia y frenada. Un neumático desgastado, a una presión de inflado incorrecta o sometido forma continuada a temperaturas de trabajo excesivas, puede perder adherencia y eficacia en determinadas maniobras: frenadas de emergencia, cambios bruscos de dirección, etc.
Mayor desgaste de la banda de rodadura. Las altas temperaturas influyen de forma directa en las propiedades del caucho, pudiendo llegar, en situaciones de calor extremo, a alterar ciertas prestaciones del neumático y a que su tasa de desgaste se acelere (sobre todo en viajes largos y/o a velocidades elevadas), lo que hace especialmente importante extremar las revisiones y el mantenimiento.
Mayor riesgo de reventón. Aunque los neumáticos actuales incorporan tecnologías cada vez más avanzadas que mejoran su resistencia y durabilidad, el calor extremo combinado con una presión de inflado por debajo de la recomendada, una carga excesiva, velocidades elevadas sostenidas o daños no detectados en la cubierta, pueden incrementar significativamente el riesgo de fallo estructural (reventones, desprendimiento de la banda de rodadura, etc.).
Cómo conducir más seguro en verano
De cara a los meses de verano, Bridgestone, líder mundial en neumáticos premium y soluciones de movilidad sostenible, te ofrece estos consejos para minimizar el impacto del calor en las prestaciones de las cubiertas y prolongar su vida útil:
Revisar la presión periódicamente. Chequearla como mínimo una vez al mes, y siempre antes de un desplazamiento largo. Es importante considerar que la presión de los neumáticos aumenta con la temperatura, sobre todo en verano. Por tanto, la presión de inflado debe revisarse y ajustarse siempre con los neumáticos fríos (para que la medición sea correcta), y respetando las especificaciones y los valores recomendados por el fabricante del vehículo.
Comprobar el estado del neumático. Verificar regularmente el desgaste de la banda de rodadura y los posibles daños de la cubierta (cortes, arranques, bultos, signos de envejecimiento, etc.). También, en caso de observar desgaste irregular, vibraciones en el volante, o desvíos en la trayectoria del vehículo, realizar alineación y/o equilibrados en un taller especializado.
Evitar sobrecargar el vehículo. Además de incrementar la temperatura de trabajo de las cubiertas y su desgaste, el exceso de peso reduce las prestaciones dinámicas del vehículo (mayor distancia de frenado, menor aceleración, etc.) e incrementa el consumo de combustible.
Moderar la velocidad. Las condiciones de trabajo de los neumáticos son más exigentes a velocidades elevadas. Por ello, se recomienda reducir la velocidad en los viajes largos y durante las horas de mayor calor y, siempre que sea posible, evitar conducir en los momentos de temperaturas más extremas.
Estacionar en zonas de sombra. Esto mejora significativamente el confort en el interior del vehículo al reducir la acumulación de calor, y evita además que los neumáticos permanezcan expuestos a temperaturas excesivamente elevadas.
Como único punto de contacto entre el vehículo y la carretera, las altas temperaturas tienen una importante incidencia en los neumáticos: incrementan el desgaste, elevan su presión interna y pueden comprometer su seguridad si no se realiza un mantenimiento y un uso adecuados. Por ello, en la época estival es más importante que nunca realizar periódicamente revisiones preventivas.


